Santa… no, pues no.

En México, donde crecí, los niños reciben regalos de los Tres Reyes Magos el seis de enero. Como mi marido es de Estados Unidos, practicamos ambas tradiciones, Santa Claus y los Reyes Magos. “Practicamos” significa que algunos regalos dicen “de Santa” o “de los Reyes Magos”.

Yo nunca creí en los Reyes Magos. O si creí, dejé de hacerlo muy chica, porque no recuerdo haber creído nunca. Lo que me dijeron fue que mis hermanos (tengo 7, y soy la menor) no pudieron guardar el secreto. Nunca sentí que me había perdido de una fantasía maravillosa y no sufro por no haber sentido esa ilusión. De todas formas, siempre fue sorpresa si los Reyes iban a llegar, en primer lugar, y luego qué regalos y qué chocolates nos llegarían a cada quien. Mi marido si creyó en Santa pero no recuerda cómo averiguó que eran los padres, ni cuándo.

No les enseñamos a nuestros hijos a creer ni en Santa Claus ni en los Santos Reyes. Siempre fuimos muy francos al respecto y varias veces vieron cómo les poníamos los nombres a los regalos . De hecho algunos de los regalos que abren el seis de enero ya están bajo el árbol durante navidad. Les hemos contado la historia de San Nicolás y cómo él era muy desprendido y daba regalos a los niños, y cómo la tradición de Santa Claus es para conmemorar su generosidad. Y les explicamos que es una tradición cristiana y que en México los niños reciben regalos de los Santos Reyes porque ellos le llevaron regalos al niño Jesús, etc.

Ahora… eso no significa que hayan comprendido por completo. Hace un par de años (Marisol tendría unos 8 años) estábamos caminando por el centro comercial y por alguna razón comenzamos a hablar de Santa y le pregunté: “¿Crees que Santa es real?” “¡Claro!” “Ah, caray, y ¿de dónde sacas eso?” “Bueno, pues ¡me trae regalos!” “¡NOOOO! ¿No recuerdas que te dije que somos los papás?” De vuelta a las explicaciones…

Me han dicho que estoy exagerando y pensándola demasiado. Que sería mucho más fácil “dejarlos sentir la magia”. Hmm. Hay un par de razones. Una es que nos hemos hecho la promesa de no mentirles a mis hijos. No mentiras grandes y no mentiras dulces.  Sin decirles “ahorita regreso” si vas a salir un par de días. Y no Santa y no Reyes Magos.

Por cierto que a mi hijo sí le mentía, sin darme cuenta. Usando falsas amenazas (“si no quitas este juguete de la mesa, lo tiro a la basura”). Durante el tiempo que estaba intentando forzarlo a limpiar su cuarto (de esto escribí anteriormente), un día hablamos para aclarar muchas cosas. Él, visiblemente afectado, me dijo que otra cosa que le producía mucha angustia era pensar que yo, en cualquier momento, podría cumplir mis amenazas, léase entrar y llevarme sus juguetes o tirar su ropa. Me sentí fatal. Me di cuenta de que estaba yo lanzándole todas esas amenazas falsas, y ni siquiera las estaba reflexionando, es más, ni cuenta me daba que lo estaba haciendo. Pero mi hijo, por otra parte, estaba creyéndoselas en serio, y sintiéndose inseguro todo el tiempo. Paré de hacerlo. Estaba de hecho pensando en ello esta semana, y le pregunté si lo recordaba, y si he hecho algo similar desde entonces. Me dijo que no. Y por cierto que la creencia en Santa incluye ene mil amenazas falsas “Santa sabe si te portas bien o mal ¡y si te portas mal, te traerá únicamente carbón!”

Desde mi punto de vista, enseñarle a tus hijos a creer en Santa o en los Reyes Magos no es una mentira pasiva. Es una mentira activa. Involucra planeación, y uno tiene que realizar ciertas acciones para encubrir, exagerar y proteger esas mentiras. Uno está mintiendo cuando les dices que escriban la carta (y luego les sugieres qué escribir en ella), y cuando les dices que Santa va a saber si se han portado bien. Cuando uno mantiene una mentira a largo plazo, además, tienes que estar siempre al pendiente de no meter la pata y decir algo frente a tus hijos por error. Y he de decir que soy pésima mintiendo. No me sale convincente, y no puedo mantener el engaño por mucho tiempo. Es muy estresante para mí y estoy segura que en un momento dado habría cometido un error y les habría dicho algo que hubiera hecho que descubrieran la verdad. Sé que muchos pensarán que estoy exagerando, pero les aseguro que no. De hecho, eso de no saber mentir me ha metido en problemas en varias ocasiones.

También nos molesta la idea de que Santa te traiga regalos sólo si eres “niño bueno”. Y entonces, ¿Qué pasa con los niños cuyos padres no pueden regalarles juguetes? ¿Y con los otros niños, que tienen muchísimo dinero? ¿Significa esto que tú eres un niño más bueno que unos, pero no tanto como otros? ¿Y qué pasa con ese niño malcriado que hasta se roba cosas en la escuela, pero que recibe miles de regalos? ¿Y odia Santa a todos los niños que no celebran la Navidad? ¿Por qué no reciben juguetes los niños judíos? ¿Y los musulmanes? Y además, cuando uno vive practicando las tradiciones de dos países: ¿Por qué los Reyes Magos ignoran a todos los vecinos? ¿Y por qué Santa no les trae nada a sus primos en México?

Un factor adicional es que, dado que mi hija es autista y tiende a pensar literalmente (y su hermano, con TDAH, también, hasta cierto punto) pensé que era demasiado complicado explicarlo como un hecho (sería una farsa demasiado elaborada para mi pobre imaginación). Y ambos niños nos hacen todo tipo de preguntas y reflexionan sobre la respuesta y una respuesta nos lleva a tres preguntas y esas respuestas a diez preguntas y así sucesivamente.

(Mi hijo está leyendo lo que escribo y me dice que cuando era más chico sí tenía varias preguntas, a pesar de no creer: Considerando, me dice, que hay alrededor de mil millones de personas que celebran navidad en todo el mundo, ¿Cómo podría ir a todas las casas en menos de alrededor de 25 horas? ¿Y Cómo podría comerse todas esas galletas? ¿Y caber en todas las chimeneas? ¿es un acosador?).

En los blogs y comunidades autistas en idioma inglés el tema de creer o no en Santa se ha discutido bastante. En “Autistic Not Weird” muchas personas opinaron que es mejor no hacerles creer que Santa es real a los hijos, y alguien comentó que su hijo se estresaba mucho pensando que un extraño iba a entrar a su casa en algún momento de la Nochebuena. Una mamá, Gwynne Miriam, escribe que le contó a su hija la verdad, en parte porque su estaba analizando todo y lo que descubría la inquietaba (¡pero si no tenemos chimenea! ¿Cómo va a entrar?), además de que eso de que entrara por la noche a su casa la asustaba, y la interacción con Santa en los centros comerciales la desconcertaba y molestaba sobremanera.

Como decía arriba, mis hijos cuestionan absolutamente todo, piensan de forma muy lógica, tienen muy buena memoria y además sí piensan literalmente y yo no podría seguir el hilo de la mentira. ¡Nada más de imaginarme la hilera de preguntas me agobio! ¿Y dónde construye los regalos? ¿Y por qué no están fríos? ¿Les paga a sus duendes? ¿Por qué no? ¿Cómo sabe si me porto bien? ¿Y fulanito, por qué no recibió nada? No, no, no, gracias.

Eso sí, mis hijos saben que hay que respetar las creencias y costumbres de los demás (siempre y cuando no lastimen a nadie, que esa pregunta ya me la hicieron). Así que no te apures, que mis hijos no le contarán la verdad a los tus hijos.

Santa rappel

El Santa de la ciudad donde vivimos es muy atlético… baja a rápel un edificio en el centro de la ciudad junto con sus duendes, para arrancar la temporada de Navidad.

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Acerca de Florencia Ardon

I'm the mom of two amazing neurodivergent children, and have been married to a great guy, their dad, for over a decade and a half. I work at a university as a student advisor, and love reading and hiking. /// Soy madre de dos niños increíbles, neurodivergentes, esposa desde hace más de una década. Soy asesora de estudiantes en una universidad. Me encanta leer y caminar.
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