Mis testarudos hijos

Esos niños “tercos” o “testarudos” u “obstinados” y, si, “cabezotas” … hay cursos, libros, blogs dedicados a ellos. Pero ¿qué es realmente un niño terco? y ¿es malo que lo sean?

En un anuncio de un curso (en inglés) para padres en el estado donde vivo, se menciona un “comportamiento desafiante”, berrinches, explosiones de ira… y también dicen “el niño testarudo puede abrumar a sus padres, haciendo que se sientan frustrados y que piensen que no son buenos padres”. Bueno, no creo que ese sea mi caso, ni mucho menos. Pero, efectivamente, puede ser fatigoso eso de tener hijos que no dudan ni tantito en mostrarte las fallas en tu argumento o en una orden. Puede ser bastante irritante. Y te deja exhausto. Y harto, y molesto.

Una de las características que se observan muy temprano en niños autistas y en los que tienen trastorno de déficit de atención e hiperactividad (y estoy segura de que pasa con niños que tienen otros diagnósticos) es que “quieren hacer todo a su modo” y son “tercos”. Los niños (y personas) neurodivergentes perciben la vida de una manera distinta y, en consecuencia, reaccionan de forma diferente. Sienten que algunas normas y reglas no tienen sentido; y si las evaluáramos cuidadosamente, los “neurotípicos” tampoco les encontraríamos sentido.

Sí, cuando estaba intentando que mis hijos hicieran todo a mi manera y cuando yo quería, terminaba muy frustrada. Hace un par de años, estaba intentando hacer que mi hijo limpiara su cuarto. Yo estaba absolutamente segura de que limpiar tu cuarto es algo básico en la vida, algo increíblemente crucial. Los pleitos que llegamos a tener por esto nos llevaban a discusiones y pleitos, y un par de veces yo terminé llorando. A lo que no nos llevó, fue a que su cuarto estuviera limpio de manera consistente. Entre él y yo limpiamos su cuarto un par de veces; cada vez le dedicamos varias sesiones de muchas horas, durante unos cuantos días. Una vez, hasta le tomé una foto a su cuarto y se lo mandé a mis hermanas. Pero el gusto me duró un par de días y su cuarto regresó a su estado natural, léase al desorden (para mí; él dice que todo está justo en el lugar donde él lo quiere).

Pero luego sucedieron un par de cosas: una es que hablé con su terapeuta del lenguaje, que es maravillosa. Ella estaba ayudándole con función ejecutiva: organizar, planear y realizar tareas y proyectos, entre otras habilidades. Mientras platicábamos precisamente sobre las dificultades que tenía con función ejecutiva, me dijo muy tranquila: “y apuesto que su cuarto es un relajo”. Su explicación es que para la gente con déficit de atención es extremadamente difícil decidir, por ejemplo, si algo se debe tirar o regalar, o decidir entre dos cosas. En cierta forma, yo estaba torturando a mi hijo, porque parte de mi frustración partía de mi creencia que él pensaba como yo, y lo estaba forzando a hacer las cosas como yo las haría.

Y también me acordé de algo que me pasó. Normalmente, no tengo ningún problema para tomar decisiones. Pero hace algunos años comencé a ir a la tienda de la noche, después de haberme levantado muy temprano para ir a trabajar, regresar a la casa y hacer lo que se tuviera que hacer, incluyendo cuidar de mis hijos, uno en la etapa de los “terribles dos años” y la otra siendo todavía bebé (mi marido los cuidaba durante el día). El caso es que yo iba a la tienda y me ponía a ver el yogurt, y no podía decidir si comprar yogurt de fresa o frambuesa. Era increíblemente frustrante. En esos momentos me decía a mí misma que era ridículo que llevara diez minutos ¡viendo yogures, caray! Y sin poderme decidir. Mi solución fue no volver a ir al supermercado de noche, punto. Pero… ¿qué pasa cuando no hay alternativa? ¿qué pasaría si no importara lo cansado o descansado que estés, qué hora es, o qué tanto has trabajado durante el día? ¿Qué tal si absolutamente cada vez que vas a la tienda pasas por lo mismo? ¿Estaba yo añadiéndole frustraciones a mi hijo? ¿Era realmente necesario? ¿Limpiar tu cuarto de niño determina si tendrás éxito como adulto?

Lo otro que pasó es que he estado dando un curso en los veranos, en la universidad donde trabajo. La clase es sobre métodos de estudio y factores de éxito como estudiante universitario. Una de las cosas que mencionamos es la necesidad de tener motivación intrínseca. Eso es uno de los factores más importantes para tener éxito en la vida. La motivación extrínseca, que es la dada por los demás, puede ser dada como recompensas o castigos. Se ha demostrado que ninguno de los dos funciona. Aun cuando pueda hacer que la persona mejore su destreza en cierta área (piano, digamos), no hará que la persona lo disfrute, ni que lo quiera hacer en el futuro. Y, definitivamente, no crea motivación intrínseca, ni resiliencia, ni determinación, ni mentalidad de crecimiento (la creencia de que uno puede mejorar en cualquier tema o área, si uno se esfuerza, y que ni la inteligencia ni el talento son innatos e inmutables).

Así que ahí estaba yo, tratando de que mis estudiantes entendieran y utilizaran la motivación intrínseca, una buena mentalidad de crecimiento y determinación, al mismo tiempo que estaba intentando que mi hijo hiciera algo a lo que él no le veía sentido y que le era extremadamente difícil… ¿para qué? Su cuarto no está en exposición. Yo no paso mucho tiempo dentro. No leo los libros que están en su librero, ni uso la ropa que está en su closet. En ese momento, hablé con él y le expliqué mi razonamiento, y por qué creía yo que era importante tener un cuarto ordenado y demás, y finalmente llegamos a un acuerdo: su cuarto sí tiene que tener suficiente piso despejado, para que yo pueda entrar a darle las buenas noches. Y tiene que tener despejado el camino hacia la ventana donde está la escalerilla de emergencia. Pero fuera de eso, él tiene la autoridad para decidir qué se hace en su cuarto. Las áreas comunes de la casa, sin embargo, están bajo mi cuidado y él tiene que hacer las labores que le tocan para su limpieza, y tiene que intentar mantenerlas ordenadas.

Esto de la limpieza del cuarto ha sido la discusión o el desacuerdo más prolongado y extenuante con mi hijo, de lo que yo me acuerdo. Otras situaciones han sido frustrantes también, pero de lo que me he dado cuenta es que depende en gran medida de mi perspectiva y cómo reacciono ante ellas. Por ejemplo, mi hijo está a cargo de lavar la loza que se debe lavar a mano. Durante mucho tiempo estuve yo recordándole a cada rato y de cualquier forma se le olvidaba (y en serio se le olvidaba por completo; no es que estuviera fingiendo para librarse de ese quehacer. Si no lo quisiera hacer, me lo diría y me lo discutiría). Así que, en lugar de enojarme, lavar los sartenes y sermonearlo, opté por decir que, bueno, no hay sartén limpia, así que no puedo cocinar el desayuno. Eso de las consecuencias naturales es fantástico, en serio. Mi hijo ha mejorado increíblemente en ese aspecto. Y sí, tengo muchos otros ejemplos, con ambos hijos.

Pero en general, prefiero que mis hijos sean testarudos. De hecho, de repente me preocupa si aceptan las cosas demasiado fácilmente. Pareciera que me gustan las cosas difíciles, ¿no?

Bueno… por una parte, los adultos y adolescentes que fueron testarudos, necios y contestones de niños resultan ser bastante exitosos. Yo creo que muestra que reflexionan más antes de actuar. No hacen simplemente lo que les dices, evalúan la orden y deciden si sí es algo que se deba hacer. Obviamente, es frustrante para mí, pero sé (¿espero?) que, si actúan así conmigo, que soy una de las figuras de autoridad más importantes en su vida, actuarán de la misma forma con otras personas, y en respuesta a otras órdenes.

También se ha visto que el ser necio y obstinado hace que resistas más la presión social: los niños “de carácter fuerte” (necios, cabezotas, obstinados) no darán su brazo a torcer tan fácilmente como otros que se sienten más a gusto con obedecer y aceptar lo que los otros les piden. Es más probable que las personas obstinadas sigan su propio camino, aunque les digan que no van a lograrlo, que la sociedad estará en contra, o que es imposible. Simplemente siguen caminando.

Por otra parte… yo era así. Bueno, probablemente más obediente. Después de todo, yo sí limpiaba mi cuarto. O tal vez mis padres no se ponían a razonar tanto como yo con mis hijos. Pero he escuchado bastantes historias sobre mi infancia, como para saber que era bastante terca. Y todavía lo soy. Pero creo que ser obstinada y necia me ha ayudado a tomar riesgos y lanzarme a la aventura, cambiar de rumbo profesional, académico y personal. Me ha permitido reinventarme, vivir en el extranjero y, finalmente, inmigrar y establecerme junto con mi familia en EEUU (mi marido es estadounidense).

Yo quiero que mis hijos se arriesguen, estudien lo que les verdaderamente les guste, sin miedo al que dirán, y sin pensar en los ingresos que tendrán (o que no tendrán), o lo difícil que es. Quiero que se animen a vivir en el extranjero y a experimentar culturas diferentes y observar varios estilos de vida. Quiero que trabajen y sean voluntarios en lo que sea que les atraiga. Quiero que sepan defender sus derechos y soliciten los servicios y acomodos que necesiten.

No quiero que sean obedientes. Quiero que decidan lo que quieren hacer, y que se la piensen dos veces antes de obedecer cualquier orden. Quiero que le saquen jugo a su forma de pensar, a su neurología tan singular. No quiero que su chispa se apague o que duden de sí mismos o de sus decisiones. No los estoy educando para que se conviertan en mis hijos obedientes y buenos. Los estoy educando para ser adultos autónomos e independientes. Para que sean líderes, no seguidores.

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Acerca de Florencia Ardon

I'm the mom of two amazing neurodivergent children, and have been married to a great guy, their dad, for over a decade and a half. I work at a university as a student advisor, and love reading and hiking. /// Soy madre de dos niños increíbles, neurodivergentes, esposa desde hace más de una década. Soy asesora de estudiantes en una universidad. Me encanta leer y caminar.
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