El miedo a las Alturas

Prácticamente desde que nació, el apodo de Marisol ha sido changuito. De bebé se salia de su sillita “exersaucer” en cuestión de segundos. No lo hacía si estábamos en el cuarto. Intentamos filmarla y nada, nunca pudimos atraparla con las manos en la masa. Intentábamos pensar cómo le hacía, porque fácil definitivamente no era. Nunca averiguamos. También se salía de su cuna, que tenía barrotes bastante altos, todos verticales (excepto el de hasta arriba, se entiende). Se trepaba en cualquier mueble que había a su alcance. Por muchos años no tuvimos ningún mueble que le pudiera servir de trampolín, así que no teníamos buró en el cuarto, o mesitas en la sala. Finalmente compramos una montaña para trepar, que tuvimos en la sala muchos años para que ella pudiera trepar y satisfacer esa necesidad de estímulo sensorial.

Hace tres años, fuimos a un circuito de cuerdas bastante alto (21 metros) en una ciudad cercana y se trepó feliz de la vida, moviéndose con facilidad y sin mostrar un mínimo de miedo. Ella, su papá y su hermano lo han hecho un par de veces más desde entonces. La primera vez estaba por cumplir 7 años. Un año después, a los 8 recién cumplidos, fuimos a un festival en una pared para escalar, igualmente alta (~13 metros). Subió rapidísimo la pared y llegó hasta arriba.

Pero recientemente le dio por decir que le tenía miedo a las alturas. Resulta que yo le tengo miedo a las alturas. Me da nervios pararme sobre una silla, subir una escalera de marinero me da pavor y me he perdido “oportunidades únicas en la vida” por no querer subir por ellas. Fui a la Torre CN en Toronto, que es de las torres más altas del mundo; tiene un piso de vidrio transparentísimo que a medio mundo le fascina porque sientes que estas volando. No, pues no me paré en ella más de dos segundos que fue lo que aguanté. Obviamente las paredes para escalar y los circuitos de cuerdas ni aunque me paguen. Así que… cuando un changuito como Marisol me dice que le dan miedo las alturas, no le creo. Creemos que es más bien que quiere sentirse identificada conmigo.

Todos los humanos intentamos pertenecer a un grupo, y parte de ello es actuar como el grupo. Muchas veces eso es completamente inocuo, o divertido, o puede ser preocupante. En el caso de Marisol, realmente no tiene sentido y siento que es como ir en contra de su naturaleza. Y de sus necesidades sensoriales. No creo que sea bueno bloquear parte de tu personalidad y tus necesidades fisiológicas o psicológicas. Además de que yo, habiendo vivido con miedo a las alturas toda mi vida, sé el sufrimiento que conlleva. Es súper frustrante, impide que hagas cosas únicas como estar en el piso de vidrio de una torre alta, o subirte hasta arriba de una pirámide maya. Y es posible que pueda poner tu vida en peligro. Sí me he preguntado qué haría yo si tuviera que salirme por una escalera de marinero si hay un incendio y estoy en el segundo piso (o más arriba). Con mi hija, no me gusta nadita, porque siento que limita sus actividades, deportes o clases que toma o lo que juega. Y también siento que es posible convencerse a si mismo que uno tiene una fobia y puedes desarrollarla.

En fin, luego que comenzó con lo de que tenía miedo a las alturas fuimos a otro festival a la pared para escalar y medio escaló tantito, luego volvió a decir que no, que le daban miedo las alturas. Esta semana fuimos a un museo de ciencia para niños que tenía un sinnúmero de actividades para niños, incluyendo un circuito de cuerdas con una tirolesa y otra cosa que se llamaba algo así como “tu-yo”. Se subió al famoso “tu-yo” (algo así como un yoyo humano). Luego se subió al circuito pero al llegar a la tirolesa no se animó y de plano se bajó del circuito. También se negó a treparse a la pared.

Estuvimos hable y hable con ella, intentado convencerla de intentarle. Yo estaba diciéndole que no es bueno tenerle miedo a las alturas, a mí me gustaría no tener esa fobia; su papá y su hermano le estuvieron dando otras buenas razones. Didier además le estuvo diciendo lo divertido que era, porque él ya lo había hecho varias veces ese día (la pared y la tirolesa). Le mostramos cuando él estaba lanzándose por la tirolesa y su respuesta fue gritar “¡Muy bien, Didier, bravo!” y volvió a decir que ella no lo haría. Lo único que quería hacer era el “tu-yo”. En serio que esta chiquita es súper determinada y no se deja…

Después de mucho tiempo, aceptó subir a la pared. ¿Y saben qué? ¡Le encantó! Se subió un par de veces, felizmente y sin miedo. Luego se subió al circuito de cuerdas. Nosotros con los dedos cruzados para que no se fuera a echar para atrás a la mera hora. ¡Pero no! ¡Sí se lanzó! No se lanzó corriendo para agarrar vuelo, como le hizo Didier, pero ¡se lanzó! Nos sentimos muy orgullosos. Bajó felicísima, y felicitándose a sí misma, recibió abrazos de los tres y yo respiré aliviada de que mi changuito ya resurgió 😊

Anuncios

Acerca de Florencia Ardon

I'm the mom of two amazing neurodivergent children, and have been married to a great guy, their dad, for over a decade and a half. I work at a university as a student advisor, and love reading and hiking. /// Soy madre de dos niños increíbles, neurodivergentes, esposa desde hace más de una década. Soy asesora de estudiantes en una universidad. Me encanta leer y caminar.
Esta entrada fue publicada en Aventuras de Marisol, Educando a los hijos. Guarda el enlace permanente.

¡Platícanos qué opinas!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s